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Desde Cipolletti, un grupo de vecinos intenta reinstalar la propuesta de un ferrocarril que una las localidades del Alto Valle entre Regina y Plottier.

CIPOLLETTI (AC).- La necesidad del relanzamiento del ferrocarril interurbano entre Regina y Plottier -el denominado "Tren del Valle"- está siendo fogoneada por un grupo de vecinos, profesionales muchos de ellos, ya con conocimiento extraoficial de autoridades municipales y provinciales rionegrinas y neuquinas, con el objetivo de mejorar el servicio del transporte de miles de personas y también para descomprimir la ruta nacional 22, y con ello buscar el descenso del alto índice de accidentología que se referencia en esa arteria.
Si bien en una reunión abierta que se desarrollará el miércoles desde las 20 en la Biblioteca Rivadavia de esta ciudad se manejarán las diversas alternativas que giran en derredor de este emprendimiento, y se irán compatibilizando las opiniones, y generando estrategias, por medio de uno de los voceros de la iniciativa, el ingeniero agrónomo Eduardo Griffoi, se conocieron determinadas definiciones.
Trascendió que la materialización del interurbano podría estar a cargo directamente de los privados, de alguna organización mixta privada-estatal o también de un ente que podrían integrar las municipalidades que se encolumnan en la línea del recorrido con participación inclusive de los dos estados provinciales.
En este aspecto ya hubo una experiencia concreta, en los años 80, generada por el entonces diputado nacional Carlos Vidal, de la UCR, cuando una formación se movilizó entre Neuquén capital y Roca, y en algún horario hasta Regina, que no logró estabilizarse por razones diversas, entre las que se contaron la insuficiente cantidad de usuarios y la falta de ensamble de los horarios con las necesidades y las actividades de los que viajaban, pero que marcó un precedente que caló hondo en la comunidad.
Y otra experiencia que estuvo a punto de concretarse pero que se frustró por cuestiones relacionadas presuntamente con la falta de fondos de inversión fue la de una cooperativa de Olavarría. Esta posibilidad contó con el firme apoyo del ahora diputado nacional Julio Arriaga cuando era intendente de Cipolletti.
La cooperativa -aunque también pensando en otra alternativa en otro punto del país- se embarcó en la construcción de vagones en una fábrica del centro del país, se hizo una prueba en la zona con bombos y platillos, con funcionarios viajando juntamente con invitados especiales, pero al final todo se fue diluyendo para ingresar en un cono de sombras y de hermetismo casi inexpugnable.
Griffoi -quien trabajó mucho en el plan estratégico cipoleño y en proyectos de la vecina provincia- sostuvo que lo importante es trabajar para que la población tenga garantizado un servicio seguro, con el tren interurbano, y con el fin de restarte tránsito a la ruta 22, limitando así la cantidad de accidentes. Dijo que es "a medida de esta propuesta" el hecho de la ubicación de las distintas localidades lindando con la línea férrea.
Los mentores de la idea están reservando datos para la reunión de mañana, pero se supo que por los números que vienen manejando cerraría la ecuación económica pues el precio sería accesible y la cantidad de potenciales usuarios garantizaría con creces la rentabilidad del servicio.
En este contexto se conoció que, por ejemplo, un coche motor no superaría el millón de pesos.
Además, se estaría dando por seguro que el estado nacional podría de alguna forma apoyar con un subsidio la primera fase de esta operación, como sucede con otras áreas del transporte de pasajeros, al menos hasta que se consolide el Tren del Valle.

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Asi lo esperamos
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(nota extraida del diario La Nación)

El viejo expreso patagónico cubrió durante décadas un trayecto insólito para un tren de trocha angosta. Hoy, un libro rescata la historia de esa línea mundialmente famosa y que aún funciona

Como tantas cosas en la Argentina, la historia del Viejo Expreso Patagónico, más conocido como La Trochita, es la parábola de un éxito a medias.

Surgió como sucedáneo de un proyecto mucho más ambicioso de ferrocarriles de trocha ancha concebido por el ministro Ezequiel Ramos Mejía, en 1908, para integrar toda la Patagonia a partir de la distribución de tierras fiscales aptas para la actividad agropecuaria, la minería, la industria o la forestación, que habrían de ser conectadas por la nueva red.

Pero la primera guerra mundial y luego el comienzo de la crisis económica y política que, en la Argentina, desembocó en el golpe de Estado de 1930 lo fueron modificando hasta convertirlo en una realidad más modesta, que demoró décadas en concretarse y no carece de costados verdaderamente épicos.

Lo cierto es que hoy, a la distancia de los años, la realidad aún vigente del laborioso Viejo Expreso Patagónico asombra al mundo por diversas razones:

La extensión de su recorrido 402 km desde Ingeniero Jacobacci, en Río Negro, hasta Esquel, en Chubut, del todo infrecuente para la trocha económica de 0,75 cm en que fue construido todo el ramal.

Sus míticas locomotoras de vapor, en su mayoría de la marca alemana Henschel, fabricadas en 1922 y aún en uso, algunas de ellas son consideradas piezas únicas por los fabricantes.

La singularidad del paisaje que atraviesa la línea, en un recorrido con más de 600 curvas, en el que se suceden montañas acromegálicas, lagos de ensueño y bosques de árboles milenarios, además de estaciones y apeaderos, en los cuales el tren debe detenerse para reabastecerse de agua, que las locomotoras consumen a razón de 100 litros por kilómetro.

La publicación del libro de Paul Théroux El viejo expreso de la Patagonia (1979), donde el escritor describe su periplo a bordo de trenes entre Boston y el sur argentino, culminando precisamente en la mítica Trochita.

El valor histórico que, para miles de aficionados a los trenes en todo el mundo, tiene esta línea, que hoy mantiene algunos tramos de su recorrido original, con un servicio que no ha variado desde su creación y que permite una experiencia digna de pioneros.

A pesar de lo que tardó en construirse el trayecto Ingeniero Jacobacci-Esquel se inauguró en 1945, y de que nunca se completaron las redes ferroviarias en que este recorrido cobraba su sentido cabal, La Trochita tuvo un papel importante en el desarrollo de la región. Tanto en el transporte de cargas como en el de pasajeros (este último comenzó en 1950), la línea fue crucial para conectar la región con el norte del país.

Todos los insumos llegaban por esa vía y a través de ella partían la lana, los cueros y el ganado en pie producidos en el valle 16 de Octubre zona de asentamiento de colonos galeses, así como también los productos de las estancias de la Argentine Southern Land Company. En los años setenta, la línea transportó materiales para la construcción de la represa de Futaleufú.

Fruto del trabajo de numerosos inmigrantes de todo el mundo que hicieron su labor en condiciones inexplicablemente penosas, La Trochita se hizo célebre en el mundo entero y eso explica que la línea haya sobrevivido, aunque parcialmente, a la decisión del gobierno nacional de cerrarla en 1993. A pesar de su poca relevancia económica y la baja densidad demográfica de la región que cubre, su valor histórico y turístico es tan indudable que su eventual clausura levantó protestas incluso en el exterior.

Entre los numerosos y entusiastas defensores de esta línea, se cuentan Sergio Sepiurka y Jorge Miglioli, autores del libro bilingüe de reciente aparición La Trochita. Un viaje en el tiempo y en la distancia en el Viejo Expreso Patagónico, que ha servido de punto de partida para esta nota. Sepiurka es un ingeniero industrial que desde 1986 vive en Esquel, enamorado del sur argentino. Publicó el libro Sueños de cordillera (1997) y fue responsable del rescate de Un yanqui en la Patagonia, las notables memorias del ingeniero hidráulico Bailey Willis, verdadera Biblia para conocer la historia de esta región. La minuciosa tarea de Sepiurka se complementa con las fotos de Miglioli para transmitir un fervor nunca exento de razones, que va más allá de la historia de la línea para detenerse en la historia de su gente, de sus anhelos y postergaciones. Una dosis de memoria, para un país más bien amnésico.

Texto: Guillermo Saavedra

Mas: www.latrochita.com

 

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